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sábado, 19 de diciembre de 2020

La guerra también tiene voz de mujer

 

La Plaza de Diamante es una de esas obras a las que se llega por recomendación de otro.  Como una perla en el fondo del mar, no es fácil encontrarla por azar en el inmenso océano de las letras, y no es que la obra carezca de valor literario, nada de eso. Tal vez sea porque las guerras siempre fueron narradas desde la mirada del varón, y en esta obra, la protagonista tiene voz de mujer.

Mercé Rondoreda nació en Barcelona en 1908 y murió en 1983, cuando yo aún no sabía que iba a terminar amando tanto los libros. La novela está ambientada en un barrio de Barcelona y narra la historia de Colometa, una mujer destrozada por la guerra civil.  Narrada en primera persona, despliega un monólogo interior envolvente.  Conmueve la historia que cuenta: las miserias de la guerra, la cría de palomas, el amor, las esperanzas de la mujer en aquella época.  Pero es la manera de narrar lo que nos acerca al personaje y lo que vuelve íntima a la novela.  Una voz imprescindible que describe de manera singular la otra cara de la moneda.



 

domingo, 22 de marzo de 2020

Una de miedo

En estos tiempos que corren, nada mejor que refugiarse en la ficción.  Escribí un microrrelato titulado El espectro.  Definitivamente, hay algo en la oscuridad que me atrae.  La ilustración es de Jhon Mortensen, un genio!











El espectro































Un grito estalló en la noche. El nene había tenido una nueva pesadilla. Ahora, llama 





































a su  madre. Balbucea un mamá inarticulado, lleno de mocos. La puerta se abre. 
  
































La figura se recorta contra la luz blanca que viene del pasillo.











































































-
- Qué pasa mi chiquito? - dice la madre.



































- Hay un fantasma en mi pieza - dice el nene sollozando.






































Pero la madre no se mueve. Después de un momento, entra y cierra la puerta. 





































Todo está oscuro otra vez.  




































 La cama apenas se hunde cuando ella se acuesta. 





































.


Lo abraza por la espalda como un capullo.






































El nene respira tranquilo, todo ha pasado. Luego, ve la mano 
































fantasmal que lo envuelve. Entonces lo sabe, sabe que aún sigue soñando.




jueves, 19 de septiembre de 2019

LITERATURA DE LA BUENA

          Desde hace un tiempo, realizo un taller literario de la mano de Fernanda García Curten quien me impulsó, con inmensa generosidad, a reencontrarme con el oficio de escribir. En este espacio, publicaré las lecturas que ella nos sugiere después de cada encuentro porque aún no tengo estos textos en un libro que pueda tomar cuando quiera a mi antojo, sin embargo, teniéndolos en este blog podré tenerlos a mano hasta el día en el que formen parte de mi biblioteca.

Matar a un niño
Stig Dagerman

                 Es un día suave y el sol está oblicuo sobre la llanura. Pronto sonarán las campanas, porque es domingo. Entre dos campos de centeno, dos jóvenes han hallado una senda por la que nunca fueron antes, y en los tres pueblos de la planicie resplandecen los vidrios de las ventanas. Algunos hombres se afeitan frente a los espejos en las mesas de las cocinas, las mujeres cortan pan para el café, canturreando, y los niños están sentados en el suelo y abrochan sus blusas. Es la mañana feliz de un día desgraciado, porque este día un niño será muerto, en el tercer pueblo, por un hombre feliz. Todavía el niño está sentado en el suelo y abrocha su camisa, y el hombre que se afeita dice que hoy harán un paseo en bote por el riachuelo, y la mujer canturrea y coloca el pan, recién cortado, en un plato azul. Ninguna sombra atraviesa la cocina, y, sin embargo, el hombre que matará al niño está al lado de la bomba de bencina roja, en el primer pueblo. Es un hombre feliz que mira en una cámara, y en el cristal ve un pequeño carro azul, y a su lado a una muchacha que ríe. Mientras la muchacha ríe y el hombre toma la hermosa fotografía, el vendedor de bencina ajusta la tapa del tanque y asegura que tendrán un bonito día. La muchacha se sienta en el carro, y el hombre que matará al niño saca su billetera del bolsillo y comenta que viajarán hasta el mar, y en el mar pedirán prestado un bote y remarán lejos, muy lejos. A través de los vidrios bajados, oye la muchacha, en el asiento delantero, lo que él habla; ella cierra los ojos, ve el mar y al hombre junto a sí en el bote. No es ningún hombre malo, es alegre y feliz, y antes de entrar en el carro se detiene un instante frente al radiador que centellea al sol, y se goza del brillo y del olor de bencina y de ciruelo silvestre. No cae ninguna sombra sobre el carro, y el refulgente parachoques no tiene ninguna abolladura y no está rojo de sangre.
                     Pero, al mismo tiempo que, en el primer pueblo, el hombre cierra la puerta izquierda del carro y tira el botón de arranque, en el tercer pueblo, la mujer abre su alacena, en la cocina, y no encuentra el azúcar. El niño, que ha abrochado su camisa y que ha amarrado los cordones de sus zapatos, está de rodillas en el sofá y contempla el riachuelo que serpentea entre los alisos y el negro bote que está medio varado sobre el pasto. El hombre que perderá a su hijo está recién afeitado y, en ese momento, pliega el soporte del espejo. En la mesa, las tazas de café, el pan, la crema y las moscas. Sólo el azúcar falta, y la madre ordena a su hijo que corra donde los Larsson y pida prestados algunos terrones. Y mientras el niño abre la puerta, le grita el padre que se dé prisa, porque el bote espera en la ribera. Remarán tan lejos como nunca antes remaron. Cuando el niño corre a través del jardín, en todo momento piensa en el riachuelo y en los peces que saltan, y nadie le susurra que sólo le quedan 8 minutos para vivir y que el bote permanecerá allí donde está todo el día y muchos otros días. No es lejos lo de los Larsson: únicamente cruzar el camino, y mientras el niño corre atravesándolo, el pequeño carro azul entra en el otro pueblo. Es un pueblo pequeño con pequeñas casas rojas, con gente que acaba de despertar, que está en su cocina con las tazas de café levantadas y observan al carro venir por el otro lado del seto con grandes nubes de polvo detrás de sí. Va muy rápido, y el hombre en el carro ve cómo los álamos y los postes de telégrafo, recién alquitranados, pasan como sombras grises. Sopla verano por la ventanilla. Salen velozmente del pueblo. El carro se mantiene seguro en medio del camino. Están solos todavía. Es placentero viajar completamente solos por un liso y ancho camino, y a campo abierto es mucho mejor aún. El hombre es feliz y fuerte, y en el codo derecho siente el cuerpo de su futura mujer. No es ningún hombre malo. Tiene prisa por alcanzar el mar. No sería capaz de matar a una mosca, sin embargo, pronto matará a un niño. Mientras avanzan hacía el tercer pueblo, cierra la muchacha otra vez los ojos y juega que no los abrirá hasta que puedan ver el mar, y al compás de los muelles tumbos del carro, sueña en lo terso que estará.
                        ¿Por qué la vida está construida con tanta crueldad, que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, todavía es feliz y un minuto antes de que una mujer grite de horror, puede cerrar los ojos y soñar en el ancho mar, y durante el último minuto de la vida de un niño pueden sus padres estar sentados en una cocina y esperar el azúcar y hablar sobre los dientes blancos de su hijo y sobre un paseo en bote, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a atravesar un camino con algunos terrones en la mano derecha envueltos en papel blanco; y durante este último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante riachuelo con grandes peces y un ancho bote con callados remos?
Después, todo es demasiado tarde. Después, está un carro azul al sesgo en el camino, y una mujer que grita retira la mano de la boca, y la mano sangra. Después, un hombre abre la puerta de un coche y trata de mantenerse en pie, aunque tiene un abismo de terror dentro de sí. Después hay algunos terrones de azúcar blanca desparramados absurdamente entre la sangre y la arenilla, y un niño yace inmóvil boca abajo, con la cara duramente apretada contra el camino. Después, llegan dos lívidas personas que todavía no han podido beber su café, que salen corriendo desde la verja y ven en el camino un espectáculo que jamás olvidarán. Porque no es verdad que el tiempo cure todas las heridas. El tiempo no cura la herida de un niño muerto y cura muy mal el dolor de una madre que olvidó comprar azúcar y mandó a su hijo a través del camino para pedirla prestada; e igualmente, mal cura la congoja del hombre feliz, que lo mató… Porque el que ha matado a un niño, no va al mar. El que ha matado a un niño vuelve lentamente a casa en medio del silencio, y junto a sí lleva una mujer muda con la mano vendada; y en todos los pueblos por los que pasan ven que no hay ni una sola persona alegre. Todas las sombras son más oscuras, y cuando se separan todavía es en silencio; y el hombre que ha matado a un niño sabe que este silencio es su enemigo, y que va a tener que necesitar años de su vida para vencerlo, gritando que no fue su culpa. Pero sabe que esto es mentira, y en sus sueños de las noches deseará en cambio tener un solo minuto de su vida pasada para "hacer este solo minuto diferente".
                   Pero tan cruel es la vida para el que ha matado a un niño, que después todo es demasiado tarde.

domingo, 13 de enero de 2019

Ser el paraíso


No existen paraísos perdidos
No existen paraísos perdidos.
El paraíso es algo que se pierde todos los días,
como se pierden todos los días la vida,
la eternidad y el amor.
Y ya sabemos además
que tampoco existen paraísos futuros,
no hay más remedio, entonces,
que ser el paraíso.

 Roberto Juarroz

lunes, 1 de mayo de 2017

El óbito de nuestros días

 "Los seres que gozan de buena salud no poseen ni la experiencia de la agonía ni la sensación de la muerte.  Su vida se desarrolla como si tuviera un caracter definitivo."
"Si las efermedades tienen una misión filosófica, ésta no puede consistir más que en mostrar lo frágil que es el sueño de una vida realizada. La enfermedad convierte a la muerte en algo siempre presente; los sufrimientos nos unen a realidades metafísicas que una persona normal y con buena salud no comprenderá nunca."
"Toda enfermedad implica heroísmo- un heroísmo de la resistencia y no de la conquista, que se manifiesta a traves de la voluntad de mantenerse en la posisiones perdidas de la vida."

Cómo es posible que alguien que escriba toda su vida sobre el desamparo de nuestra existencia haya muerto de viejo? Algo debe habérselo impedido, algo lo unía a la vida, quizas la angustia existencial fuera su goce.  
Cioran es sin duda el filósofo de la muerte y aunque estuve intentando involucrarme con otras lecturas, en este tiempo no hay ficción que pueda darme abrigo. Lo intenté con Puig, con Mankel, hasta he llevado de viaje a Steven King pero no he podido dejarme llevar por esas páginas.  Todo lo que quiero es pensar la muerte como parte de la vida y aceptarla.   
Alguien se esta muriendo, poco a poco esta desapareciendo de esta tierra, ya ha bajado más de quince kilos en cuatro meses y no hay nada a lo que pueda aferrarse, ni un deseo, ni una creencia, ni un amor. Nada de lo que ha construido la une al anhelo de seguir viviendo. No hay aspiraciones, ni ansias, ni codicia.  Todo parece empujarla a las garras de la muerte y ella se deja ir sin resistencia.  No hablamos de eso, pero imagino que hace días  ha decidido no dar batalla.  La aceptación estoica de su enfermedad revela su determinación, su apatía, su aplastamiento a una cama que la absorbe día a día como el parásito del almohadón de plumas. ¿Acaso importa luchar? 
Piensa en su madre como espejo, como un fantasma que deambulaba sin rumbo pero que ahora definitivamente viene por ella.  También vendrá por mí, por todos.   No es pesimismo, es conciencia, es la percepción del olvido, la certeza de la oscuridad absoluta, el no lenguaje, la nada. 

domingo, 29 de enero de 2017

El desencanto de tu prosa

        Escribo sobre él porque hoy se cumplen 20 años de su partida y acabo de leer las notas que con afecto lo recordaban en la revista Radar.   Además,  (sobre todo) hace poco tuve el gusto de conocer a Galván y a Rocha, a Stan Laurel y al delegado Ignacio. A otros ya los conocía desde mi adolescencia. Escribo estas líneas cautivada por la ternura que han despertado en mí esos personajes.  No he leído sus numerosos artículos periodísticos publicados durante años en Página 12, solo sus ficciones.  Sin embargo, lo maravilloso de la ficción, que bien puede decirse que es una mentira organizada e ilusoria, es que genera emociones verdaderas.  ¡Cuánto lamenté cuando el otro Soriano descubre a su amigo sentado en un sillón en la penumbra de un rincón de la casa con su gato muerto y aún tibio sobre sus piernas! Nadie puede decirme que ese lamento fue ficcional. O cuando el farsante de Sepúlveda le pega en el rostro a Rocha una y otra vez hasta dejarlo medio muerto en el ring. O la indignación que despertó en mí  la exploción de aplausos en el estadio que ocultaba en sus entrañas el terror de la dictadura. Las emociones que genera la ficción son tan genuinas que abrazo en mi interior a aquellos escritores o escritoras que les echan su luz.
      Osvaldo Soriano, tan despreciado por la academia, ha sido y es un escritor para las grandes mayorías.  No solo por su escritura llana, prolija, sin rebusques gramaticales, sino porque tengo la sospecha de que hay personas que no podrían disfrutar de su lectura, un triunfador por ejemplo, y menos un gorila. Creo o me gusta creer  que los lectores de Soriano somos trabajadores, personas que fácilmente nos identificamos con el tipo que tiene solo un bolso sobre su hombro y una via desierta por delante. Esos son los personajes de Soriano, perdedores, derrotados antes de comenzar, pero que son salvados por la nobleza de sus acciones, por sus amistades genuinas, por la dignidad de no venderse, no son mezquinos, son seres enormes vestidos con harapos como el Mingo de Cuarteles de Invierno. Sus personajes eligen el olvido con la frente alta, eligen perder mordiéndose el labio inferior y apretando los puños antes que renunciar a una idea que consideran genuina.
- ¡Tiren hijos de puta! ¡Tiren! ¡La vida por Perón!
       Gracias por ese bello desencanto Soriano.
 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Todos los mundos en éste


Acabo de leer hace unos días la novela de Ray Bradbury, Farenheit 451, la cual cuenta una historia instalada en un futuro en el cual, los dueños del mundo han eliminado los libros de la faz de la tierra.  En ese mundo existen bomberos que en vez de apagar los incendios, los generan justamente en aquellos lugares donde encuentran libros.  Los medios de comunicación les dicen a los habitantes que hay algo malo y perturbador en cada frase, en cada papel impreso y se encargan de entretenerlos con grandes pantallas que muestran imágenes coloridas, música y luces brillantes.Sin embargo, los dueños de ese mundo tenían un ejemplar de cada libro que se había escrito.
Uno de los personajes siente curiosidad por lo que los libros puedan esconder y un día consigue uno, lo abre, lee una frase y lo cierra. El libro que había encontrado era La Biblia y había leído una frase del Cantar de los Cantares.   No podía dejar de leer, la poesía lo atraía más y más hasta que acaban descubriéndolo aquellos que ocupaban el poder y lo obligan a exiliarse o morir.  Nuestro querido personaje se marcha de la ciudad y allá a lo lejos, cuando creia que estaba condenado a la soledad, encuentra a otros que como él, habían sido echados por desobedecer la ley más importante de ese mundo: no leer.  Estaban reunidos alrededor de un fogón y cada uno de los que alli estaban relataban a otros las historias de los libros que recordaban como forma de resistencia contra el olvido. 

Acá, en nuestro mundo,  también tenemos grandes pantallas, películas en 3D, internet, celulares,  cosas que nunca, nunca, podrán reemplazar al libro.  Nosotros, como docentes, queremos invitarlos a que se unan a la resistencia, a que se atrevan a ver qué es lo que perturba en los libros, qué es lo que esconden esas historias que se han escrito tanto tiempo atrás.  Por qué muchas personas tienen libros? Por qué cuándo somos niños deseamos escuchar cuentos una y otra vez? 
 Somos muchos los que estamos escondidos en distintos lugares del mundo y que hemos encontrado en ellos otros mundos posibles.  Existen muchos mundos, decía un gran escritor, pero todos están en este.  

martes, 4 de agosto de 2015

No vivirá por siempre, pero nunca morirá


Después de La Biblia, a mi modo de ver claro está,  Drácula (1897) es la mejor historia, historia que, como su personaje, no vivirá por siempre pero nunca morirá, naciendo cada vez en nuevas formas de contar el horror.   Bram Stoker creó a una celebridad que acechará las mentes de los hombres y mujeres de todos los tiempos generación tras generación  y que los obligará a preguntarse lo que todos alguna vez nos preguntamos con la secreta esperanza de alejarnos por siempre del verdadero espanto: ¿En verdad existió el Conde Drácula? Algunos dirán que esa pregunta no se puede responder,  pero nadie podrá negar que el Conde sigue tan vivo como en el S XIX.
Hoy en el S XXI  vuelve a la pantalla la historia de este trágico ser condenado a matar aún a aquellos que ama a causa de la inmensa sed que lo devora. Esta vez, regresa de la mano del gran Guillermo del Toro y Chuck Hogan con la serie de televisión The Strain (La cepa) basada en la Trilogia de la Oscuridad (2009).
Por suerte para todos los que formamos parte de la Patria Grande y para desdicha de los yankies,  un avión aterriza en el Aeropuerto Internacional JFK en Nueva York procedente de Berlín. Se detiene inerte en la pista de aterrizaje y en su interior hay 206 cadáveres además de 4 sobrevivientes. Un extraño ataúd lleno de tierra es hallado en el compartimento de equipaje. Así se produce la llegada de Jusef Sardu, un vampiro conocido como "El Amo". El Dr. Goodweather del Centro de Control de Enfermedades, investiga lo que a primera vista parece ser un virus que causó la muerte de los pasajeros del avión. A medida que su investigación continúa, Goodweather contacta con Abraham Setrakian, un viejo prestamista que parece saber mucho sobre este "virus" y que insinúa que podría tratarse de una plaga de vampiros.  Los cuatro sobrevivientes serán los encargados de desparramar el terror en la población comenzando por supuesto, por aquellos que aman.  
La historia no se reduce a colgar tiras de ajos en las puertas y ventanas ni en afilar estacas de madera, sin embargo en el vampirismo, en su vínculo con la sangre, en su condición fronteriza entre la vida y la muerte, se esconde  la raíz, la cepa, que separa lo vivo de lo muerto y lo obliga a ser un híbrido en el limbo.  Por ese motivo, y en un intento desesperado de recuperar mi fe susurro una oración:
  "Ten piedad de Él, porque no puede amar".


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jueves, 18 de julio de 2013

26 de enero


Hoy, cuando el autobús en que viajaba se detuvo, vi por la ventanilla a un hombre joven que me miraba con lasciva e interés intelectual. Me angustió y lo miré colérica pero lo miré de nuevo y allí estaba mirándome.  Cuando el autobús se puso  en marcha asistí asombrada a la apertura de mi rostro que le sonreía hermosamente.  Pero cuando no lo vi más, me subió el llanto y me dije: "otro paraíso perdido".
                                                                                                                                   Alejandra Pizarnik

    Qué pena que nos hayas dejado Alejandra, la poeta que añoraba seres mágicos.  Eras uno de ellos. Recorrer tu diario, tus días cargados de una soledad tan sola, van convirtiendo el lenguaje en tu única caricia.  Hay tantos que te quieren en esa ausencia Alejandra, si vieras cómo cuidan tus palabras.
   Aún no he terminado de leer tu diario y la angustia me arrastra hacia un lugar al que no quiero llegar pero hacia allí voy, como si extrañamente supiera que sólo en el último renglón te encontraré.




miércoles, 26 de septiembre de 2012

El universo Puig


Cae la noche tropical
Manuel Puig                                     
                                                                                                          Por Emilce Acuña


            Para los que ya han leído Cien años de soledad de Gabriel García Máquez, todo texto que llegue a sus manos del mismo autor, les  traerá la fragancia de Macondo pero ya no será posible recuperar el perfume.  Este hecho es análogo a lo que sucede con Manuel Puig y su obra El beso de la mujer araña.   Es probable que ningún otro texto llegue a conmovernos tanto como esa relación íntima y confidencial que se da entre los personajes Molina y Valentín.  Sin embargo, también se disfrutan plenamente los aordes de una melodía; estas otras obras literarias que de alguna manera conforman la obra cumbre escondiéndose en su interior, justo en medio del lenguaje.

Cae la noche tropical (1988) es una novela que cuenta la historia de dos hermanas ancianas, cuya vejez las sorprende viviendo la vida de otras personas al no hallar la forma de seguir viviendo la propia. En medio de esos diálogos minimalistas, revelan sus prejuicios, su clase social y sus creencias religiosas unidas a la moral y a las buenas costumbres. La muerte ronda esas conversaciones sin detenerse en ella demasiado. “Es esa melancolía de la tarde que va oscureciendo, Nidia. Lo mejor es ponerse a hacer algo, y estar muy ocupada a esa hora.  Ya después a la noche es otra cosa, se va esa sensación.” Le dice Luci a su hermana.
 Los diálogos intentan escapar de los temas que verdaderamente  angustian existencialmente a los personajes de la novela: la muerte de Emilsen, hija de Luci,  y aquella otra muerte que se aproxima, lenta e inquebrantable. La inmensa soledad que crece en medio de sus amigos ausentes y de familiares que ya no las visitan, agudizan un doloroso sentimiento de orfandad y de lejanía del mundo. Necesitan imperiosamente del relato de los otros para seguir viviendo y a esa tarea dedican sus vidas. 
            A medida que avanza la narración, van ingresando nuevas voces en el melodrama construido por Puig así como también  nuevos modos de contar a partir del relato epistolar, informes policiales, noticias periodísticas y declaraciones judiciales. 
Es ésta la última novela que Puig nos dejó, sin embargo es un buen comienzo para aquellos que deseen iniciar un viaje hacia su universo poético.



26/09/12

jueves, 15 de diciembre de 2011

La gata


Sidonie Gabrielle Colette (1873 - 1954) fue una novelista francesa cuyos textos adquirieron prestigio bajo la firma de su marido Jaques Henry Guthier -Villars. Ella escribía y él publicaba. Cansada de sentirse burlada, Colette poco a poco va cobrando mayor independencia en su vida y este hecho se refleja en su escritura, sobre todo en los personajes femeninos desenfrenados que gritan a los cuatro vientos sus derechos, que luchan con pasión incansable, que se revelan frente al orden establecido.
El texto que a continuación les presento se titula La gata. Es una novela corta que cuenta la vida de una joven pareja recién casada y los problemas que surgen en ella a partir de la relación que Alain mantiene con Saha, la gata, su gata. La historia pronto se convierte en un triángulo amoroso, donde lo animal, lo salvaje y lo monstruoso cobran cada vez mayor protgonismo hasta convertir un celo inocente en un hecho con rosa lo siniestro.
Los gatos poseen una enorme carga cultural que les atribuye la capacidad de ver cosas y seres que para los seres humanos quedan vedados, traen mala suerte y se los asocia con extraños maleficios y poderes ocultos; lo cierto es que en esta obra la maldad pararece ser un sustantivo abstracto que no pertenece exclusivamente al reino animal sino que cualquier ser carcomido internamente por celos irrefrenables, es capaz de cometer actos salvajes y monstruosos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El perfume


El perfume

de Patrick Suskind

por Emilce Acuña

Para aquellos lectores que desconfían, con fundadas razones, de la calidad literaria de los best sellers, he aquí una aguja en el pajar, un punto blanco en una gran muralla negra, una maravillosa excepción inventada por el autor alemán Suskind.

El hecho que distingue a la novela y la eleva por sobre los demás best sellers, es que, a pesar de poseer una estructura básica muy utilizada, pudo crear a partir de sus descripciones un mundo autónomo, un mundo puramente aromático que cobra vida en Jean Baptiste Grenouille, un personaje que inspira la compasión y el horror a la vez.

La novela transcurre en Francia, el lugar donde se crean las fragancias más sublimes, durante el siglo XVIII. Es allí donde comienza a desarrollarse una historia que se cierra en sí misma; se inicia con el nacimiento del personaje y finaliza con su muerte.

En ese trayecto de la vida hacia la muerte, Grenouille se convertirá en el perfumista más exitoso de todos los tiempos. Dotado de un talento que rosa lo sobrenatural, su olfato se constituye en su única guía; es él quien le cuenta quiénes se acercan a su encuentro antes de que pueda verlos, quien le trasmite los ingredientes de cualquier comida sin siquiera probar bocado, quien discrimina los componentes de cualquier perfume. Sin embargo, Grenouille, que puede percibir perfumes a grandes distancias, no posee aroma alguno que lo distinga de los demás, ni persona que lo ame, ni hogar, ni familia.

Descubre en la soledad de una oscura cueva, que su olor constituye su identidad y como carece de todo aroma, no es nadie; sabe que sólo alcanzará la plenitud como ser humano cuando éste olor le sea arrebatado a alguien.

Crea entonces, en un primer momento, el olor humano utilizando desechos como base para luego sumar a ellos exquisitas fragancias florales. De esta manera, logra cierto prestigio social, es percibido por las personas y los animales que antes, ni siquiera notaban su presencia.

Finalmente, sale en busca de la fragancia que además de otorgarle identidad, hiciera rendir a sus pies hasta a los reyes más poderosos, un perfume que lo hiciera dueño del mundo; y es justamente cuando lo alcanza, cuando descubre el mágico aroma embriagador que lo convierte por primera vez en amo y señor, el momento en que comienza su final puesto que, paradójicamente, su máxima creación lo ha hecho al mismo tiempo esclavo y la cima de su éxito se constituye también en su propio fin.

16/11/06