Un lugar inhóspito en la red que quiere recuperar la ternura que siente el corazón al acariciar algo que duerme.
sábado, 14 de enero de 2017
El cuento de nunca acabar
El rey
Había una vez un hombre que quería ser rey. Decía ser republicano y democrático pero muchos de los que vivían en aquella comarca no le creían. Finalmente llegó al trono gracias a las grandes pantallas distribuidas a lo largo y a lo ancho del lugar y una vez instalado en el poder hizo y deshizo a su antojo sin consultar al pueblo.
Los que lo habían aplaudido se escondieron en sus casas y apagaron la luz, sólo aquellos que nunca le habían creído salieron a las calles a defender lo que era derecho de todos: salud, educación, trabajo y libertad. Siempre eran los mismos duendes anónimos los que bajaban de los árboles a reparar lo destruido porque el gran señor Huxley ya les había constado como era el mundo feliz. Y mientras en las pantallas mostraban al rey regalando flores a los niños, los duendes constructores de sueños seguían plantando semillas adonde quiera que fueran.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
El dolor expuesto de nuestra América Latina

Es llamativo que nuestra querida América Latina siga exponiendo su dolor de la manera más terrible, más cruda y más fulminante. Nuestros líderes, aquellos que tanto esperábamos muchos de nosotros, y no por ser perfectos ni intachables, sino por tener una mirada americana sobre cada decisión política y social a tomar, están condensando el dolor nuestra América en sus propios cuerpos. No es mala racha, ni brujería, ni mal de ojo; es que ellos se hicieron cargo del dolor de su pueblo, de su sufrimiento, de su postergaciónen en la historia por años y años, de su marginalidad; y bien sabido está que el héroe debe sacrficarse y en ocasiones también debe morir. Lo sabemos aquellos que amamos la literatura, pero también lo saben ellos, los verdaderos protagonistas de la historia real que lograron que América Latina se mirara a sí misma, descubriera sus valores, sus costumbres, su capacidad para crear, lograron que América Latina se animara a decir "no" y la pusieron de pie frente a un mundo que se desmorona.
Todos ellos nos están dando la vida, están dejando sus vidas por una causa americana y aquí no hay metáforas, es así, es crudo, es real.
¿Casualidad, causalidad? Algo debemos leer nosotros de esta realidad que nos toca vivir, leer en el mejor sentido, en el único: interpretar, otorgar significado al mundo que nos rodea.
Ojalá, algun día, estas venas abiertas de América Latina sean sanadas definitivamente. Es un lindo deseo para el año que comienza.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Haciendo historia

De todos los artículos periodísticos que leí en estos días, me quedo con el de Feinmann, el bueno, ese gordo lindo que siempre encuentra una manera tan nuestra de contar lo que nos pasa. Quiero compartir esas palabras con ustedes para que fijarlas en el tiempo, para recordar cada vez que las lea la enorme satisfacción de compartir un proyecto de país con quien lo lleva adelante.
La Selección Nacional le dice Presidenta
Sé que muchos lo notaron. Que muchos lo saben. Pero no se atreven a confesárselo. Las hipótesis arriesgadas duelen. Les duelen a los militantes de puro corazón porque se enamoran de sus líderes. Les duelen a los intelectuales porque tienen miedo de decirlas y ser rechazados. O estar lejos de la verdad. Les duelen a los tibios porque no quieren arriesgarse. Pero hay que decirlas. Sobre todo si uno cree en ellas. Mi certeza es ésta: Cristina Fernández de Kirchner, el día de la muerte de su compañero, cuando llegó a la Casa Rosada, pálida, con anteojos negros, cuando se puso presidiendo el acto de la despedida final, ahí, al frente del cajón, cuando apenas, muy levemente, elevó su mandíbula y buscó con su mirada la mirada de la gente, y la encontró, encontró mucha gente y muchas miradas que la miraban con fe, con esperanza, con devoción, pudo elegir dos caminos. Todos sabemos que lo que define al ser humano es su posibilidad. Que no es una piedra, una raíz, un ladrillo, una montaña. Que no es realidad, es posibilidad. Y ésa es la fuente de su grandeza y también la de su angustia. La de vivir eligiendo. Jugándose entre una posibilidad y la otra. Y en cada una que elige se elige a sí misma. Somos, entonces, la suma de todas las posibilidades que hemos asumido en el pasado. Pero en el presente somos una posibilidad que tenemos que elegir y aún no hemos elegido. Eso nos diferencia de las cosas. Las cosas son, para siempre, lo que son. Los seres humanos nunca son algo, definitivamente algo. Cuando lo son se han cosificado. Cristina Fernández, esa tarde, frente al ataúd de su compañero se abrazó a su posibilidad: voy a ser como a él le hubiera gustado que fuera, voy a ser como el país me necesita. Voy a ser como yo quiero y necesito ser si quiero seguir viva. Esta posibilidad eligió. La hizo suya. Ahí nació Cristina. Tolerando su dolor, pero no ocultándolo. Diciéndoles a todos: no confundan mi dolor con debilidad. Tuvo que ser más que nunca la Presidenta del país. Porque tuvo que serlo sola. Sin su compañero. Pudo haber elegido otra posibilidad. La de quebrarse. La de ser la mujer débil, exhibirse como tal y renunciar a los pocos meses. La frase habría sido: “No puedo tolerar su pérdida. El dolor me impide gobernar”. No, la frase fue la contraria: “No puedo tolerar su pérdida. Pero el dolor no me impide gobernar. Voy a seguir adelante. Sin él. Con él, espiritualmente, a mi lado. Pero a no engañarse: sola. Ya no lo tendré en mi lado. El único que me tocaba ya no me tocará más. Algo se desgarró en mí. Pero una fuerza nueva. Que yo, una mujer fuerte, desconocía. La de ser fuerte sin amor, la de ser fuerte en soledad, la de ser fuerte sin un hombre como Néstor a mi lado. Esto fue nuevo. Tuve que aprenderlo y lo aprendí. Durante ese aprendizaje fui creciendo. Me superé a mí misma. Fui más allá de lo que jamás había pensado ir. Hasta que descubrí algo inesperado, súbito (porque se apoderó de mí como una revelación cuasi sacra): seguía amando a Néstor, sufriendo por su ausencia, llorándola, pero yo era yo, caminaba sola, decidía, ordenaba, pensaba, tomaba entre mis manos (cada vez más férreas, más sólidas y seguras) la conducción de todo el aparato peronista, cada vez me sentía más querida, cada vez era capaz de dar más amor, de ser más tierna, más dulce. El día de tu velatorio muchos me abrazaron pero a muchos más abracé yo. Se acabó el mito de mi frialdad. Que para vos nunca existió, porque me conocías bien y conocías ese ardor que despertabas. Pero que empezó a existir para los otros. ¡A cuántos estreché entre mis brazos ese día! Y descubrí algo: me gustó más todavía que ellos me abrazaran. Sí, existe el calor y existe el amor del pueblo. Y seguí. Y a veces sentí que estar tan fuerte, tan suelta, que hablar tan segura y hasta alegre sin que vos estuvieras conmigo era como agraviarte. Pero no. Era un homenaje que te hacía. Aquí estoy, Néstor. Hago todo esto porque quiero mantener vivo tu recuerdo y si –por una de ésas– me ves te sientas orgullosa de mí.”
Se podrán decir muchas cosas. Pero la heroína de este triunfo electoral contundente es –ante todo– Cristina Fernández. A partir de la muerte de Néstor hizo una nueva y espectacular re-creación de sí misma. No le faltó fuerza para frenar a la CGT, fue una estadista brillante en el campo internacional, siguió su enfrentamiento con los medios que la agreden, que la insultan, condujo internamente todas sus fuerzas partidarias, le habló claramente a todo el país siempre que hizo falta, promulgó medidas sociales importantísimas, pronunció discursos impecables: con perfecta dicción, con voz clara, sin leer ni siquiera un miserable machete, demostró una inteligencia infinitamente superior a sus tristes rivales, y, para colmo, cada día se la vio más linda. (Créame, Presidenta: el país, a usted, la ama.) Un fenómeno que se refleja ahora –coherentemente– en las cifras electorales. ¿Fue por la muerte de Néstor? Miren, no hay futbolero que no lo sepa: equipo que se queda con diez jugadores gana el partido. Claro que a mí me gustaría que Néstor estuviera en la cancha. Pero la Huesuda, que decide quién sigue jugando y quién no, quién se queda en la cancha y quién se va a la ducha, a Néstor le mostró la roja. Qué vamos a hacer. Pero a partir de ahí, el equipo –con Cristina al frente, que se puso en seguida la cinta de capitana– remontó fenomenalmente y tuvo a los rivales en un arco hasta ganar por goleada. Ahora, lo que sigue. Y lo que sigue es tan arduo. Hay tantos intereses de tantos miserables por tocar que si no se sigue ganando por goleada, difícil. Pero que nadie se alarme: en el equipo nacional hay de todo. Delanteros, defensores, wines habilidosos, arqueros con reflejos electrizantes capaces de volar hasta la luna. Y un DT que se las sabe todas. Asómbrese: es mujer. Y los de la Selección la respetan tanto que le dicen Presidenta.
miércoles, 17 de agosto de 2011
El odio negro
Si hay algo que me entristece, es cuando escucho a chicos de 14 o 15 años repetir los discursos xenófogos y antisolidarios de muchos adultos, cuando veo en ellos la imposibilidad de colocarse en el lugar del otro, la idignación visceral que les despierta el hecho de que otros que no tienen empleo cobren $220 por hijo. "Tienen hijos a propósito para cobrar la asignación", dicen con seguridad como si hubieran podido comprobar este hecho. "No trabajan porque no quieren". "Piden que les den y nada más, son negros, negros de cabeza." Hacen la aclaración sobre el color pensando que eso los salva de ser discriminatorios, cuando en realidad, sus propias palabras los delatan y los ubican en ese grupo de personas que es incapaz de ver al otro. Todos dan el ejemplo del tipo que cayó en la droga, sale a robar, mata y se refugia en la villa. Nadie piensa en aquellos que son marcados sólo por ser pobres, nadie piensa en el tipo que por distintas circunstancias hoy vive en un barrio carenciado y nadie le da trabajo justamente por vivir allí, nadie piensa en la profunda humillación del tipo que revuelve la basura por primera vez, ni en aquellos que son tratados como tal por no vivir sobre una calle asfaltada y con servicios. Nadie piensa en el niño que limpia vidrios, que duerme en la plazas o debajo de los puentes. Sólo ven a estas personas como una amenaza, como potenciales delincuantes, sólo ven que les pueden robar algo que ellos dignamente consiguieron. Nunca se enojan con el empresario que evade impuestos, ni con el patrón que no da empleo formal a sus empleados, ni mencionan los crímenes oscuros que se dan en los country cuando los asesinos están en la misma familia. Ni se los menciona. "Es distinto" dicen, pero no pueden explicar la diferencia, porque hacerlo, sería reconocer que sólo temen al pobre, al que está por debajo de su clase social.
El Estado debe garantizar que todos tengamos las mismas posibilidades; no es tan difícil de entender, sólo hay que ser capaz de conmovoerse un poco, un poquito, con el dolor del otro; desarrollar nuestra sensibilidad social y defender a aquellos que están en una situación vulnerable, una situación que no eligieron y que nadie, nadie, elegiría para su propia vida.
lunes, 11 de julio de 2011
Lo esencial es invisible a los ojos

sábado, 12 de marzo de 2011
Por las dudas

Quiero dejar impresas en este espacio las palabras de mi presidenta Cristina, palabras que días atrás compartió con todos nosotros desde el estadio de Uracán. Quiero tenerlas a mano, cerquita, porque a veces tengo miedo de que cuando pasen los años, regrese a mi vida la total indiferencia con que siempre miré a la política y si ello llegara a suceder, podré leer el discurso y recordar el sentimiento de pertenecer a un partido político que hoy vive en mí, podré recordar la alegría de cantar junto a otros en contra de los oligarcas de siempre. A veces creo que no, que ya es imposible que me vuelva indiferente, pero por si acaso regresaran los señores oscuros, quiero conservar este puñado de palabras que hoy me permiten imaginar un país más justo para todos. Discurso completo de la Presidenta |
| 11-3-2011 PALABRAS DE LA PRESIDENTA DE LA NACION CRISTINA FERNÁNDEZ, EN EL ACTO DE HOMENAJE POR EL 38 ANIVERSARIO DEL TRIUNFO ELECTORAL DE HÈCTOR CAMPORA, EN ESTADIO DE HURACÁN, CIUDAD AUTÒNOMA DE BUENOS AIRES. Gracias, muchas gracias a todos los compañeros y compañeras, que hoy se han congregado aquí: quiero decirles a todos y a todas que esta tarde, aquí en Huracán, no está la Presidenta de la República, está la compañera de todos ustedes. (APLAUSOS). Y como compañera quiero pedirles a todos y a todas que este acto, de este 11 de marzo, sea en recuerdo y en homenaje a quien fuera mi compañero de toda la vida. (APLAUSOS). Hace exactamente apenas un año, y parece una eternidad, él les hablaba a todos ustedes, desde Ferro. Yo quiero venir a recordarle, como se recuerda al militante con el compromiso de que la lucha que él inicio – un 25 de mayo del año 2003 – es la lucha mía por construir la Argentina que él tanto soñó y por la que tanto trabajó sin descanso, sin desmayo entregando lo mejor de sí. (APLAUSOS). Quiero también decirles que estaría contento y orgulloso de ver a miles y miles de jóvenes, que como él y como yo, aquel 11 de marzo tenía yo apenas 20 años; en una de las tribunas está mi hija Florencia, que también tiene 20 años, como yo tenía aquel 11 de marzo de 1973. Florencia me pedía que fuera puntual, porque se estaban muriendo de calor. Yo quiero decirles que vengo también a reconocer que hay otro país diferente, afortunadamente, de aquellos tiempos y de todos los tiempos de estos últimos doscientos años en que las luchas nacionales y populares por construir un país independiente y soberano tuvieron largas marchas y contramarchas. Si uno piensa no solamente en los jóvenes de aquella etapa, si uno piensa en los jóvenes que construyeron aquel 25 de mayo de 1810, y los que vinieron más tarde a lo largo de toda la historia del campo nacional y popular podrá observar que eran siempre jóvenes que se incorporaban a luchar contra algo porque había algo que los oprimía: o era el yugo colonial o eran las dictaduras las que no dejaban expresarse al pueblo. Por primera vez ustedes - generación del Bicentenario – se están incorporando a la política no contra alguien, sino por alguien, por una historia, por la Argentina por seguir mejorando las cosas. (APLAUSOS). Ustedes no tienen idea – porque son muy jóvenes – mis compañeros, muchos de ellos que compartimos también años de militancias me van a entender. Pero quiero que sepan que ustedes tienen la inmensa oportunidad histórica de participar en la construcción de un país diferente; de un país en el que no vienen a luchar contra alguien, sino que por algo; en un país donde es posible volver a soñar y donde con alegría y no con dolor, en donde con amor y no con odio, queremos convocar a toda la sociedad. Es una construcción política diferente, siempre en nuestra historia las construcciones políticas, aún las del campo nacional y popular, se hacían en base a las contradicciones o contra algo. Hoy estamos construyendo con un profundo amor por las cosas logradas y con una profunda demanda por profundizar esos cambios para que puedan llegar a todos los argentinos. No, no hay que darle gracias ni a mí ni a él porque hay otra cosa que tenemos que hacer, más importante todavía. Siento que a lo largo de la historia el campo nacional y popular – liderado por hombres o por mujeres, cuando esos hombres o mujeres ya no estaban era como se desperdigaba porque faltaba la construcción orgánica; porque faltaba la construcción política e institucional que no hiciera depender la transformación y el cambio de una o dos personas. Ese es el gran desafío que tenemos hoy los argentinos y que tienen los jóvenes: cómo hacer para que tanta lucha no sea en vano, cómo hacer para homenajearlo, cómo hacer para que su presencia sea definitiva y la de tantos otros. (APLAUSOS). Construir sobre las coincidencias, aprender a construir los argentinos y sobre todo los jóvenes no sobre las diferencias, que así se ha construido durante tanto tiempo, y entonces todo duraba poco porque faltaba que algo fallara, que no estuviera una coma, que faltara una letra o una oración para juzgar que entonces no se era nacional o popular. Quiero decirles a todos ustedes, que cuando incorporen a otros argentinos no les pregunten de dónde vienen, no les pregunten cuál es su historia o su partido, pregúntenles si están de acuerdo con que la Asignación Universal por Hijo sirve para que millones de niños tengan derecho a la educación y a la salud. (APLAUSOS). Y también, quiero que les pregunten si están de acuerdo con que tenemos que seguir industrializando el país y agregando valor para seguir generando trabajos más calificados para todo los argentinos. (APLAUSOS) Quiero que les pregunten si tenemos que seguir poniendo en la educación pública en todos sus niveles el esfuerzo y los recursos, y si tenemos que seguir aún poniendo más; quiero que le pregunten si necesitamos seguir inaugurando - como hace unos días - universidades públicas y gratuitas para que tengamos realmente niveles de igualdad; quiero que le preguntan si necesitamos proteger el trabajo nacional, la producción nacional y el desarrollo de nuestra industria; si necesitamos también seguir desarrollando un fuerte mercado interno que impulse también a que exportemos más y mejor porque generamos más y mejores puestos de trabajo; quiero que le pregunten si quieren ser un país donde los derechos humanos son una bandera de toda la sociedad, sin ninguna distinción de ideología o partido, porque es lo que nos diferencia de la barbarie. (APLAUSOS). También quiero que le pregunten si como argentino se siente parte de esta América del Sur, de este MERCOSUR, de esta UNASUR, si se siente profundamente latinoamericano y siente orgulloso de su identidad, de su pertenencia, de su historia; quiero que le pregunten si está de acuerdo con una sociedad que da derechos igualitarios, que amplía el abanico de posibilidades y que nos convierte a todos un poquito más iguales todo los días. Si están de acuerdo con esas cosas forman parte de esta historia y de este espacio, lo demás es anécdota o vanidades personales. Quiero homenajearlo a él, nunca he conocido a nadie tan alejado de las vanidades personales y de las banalidades como él. No le importaba nada de lo que suele inclusive importarme a mí por ahí como mujer. Nadie tan despojado de las cuestiones que por ahí distraen en la política y nos hacen ver diferencias donde no las hay. Por eso quiero rescatar la historia, pero también quiero una juventud que construya su propia historia, como la hicimos nosotros; ustedes son la generación del Bicentenario (APLAUSOS). Les pido que tengan ejemplos, pero que sean ustedes mismos, cada uno de ustedes, cada una de las horas, porque créanme que el gran vínculo que nos une a todos - desde 1810 a la fecha - es el inmenso compromiso por los intereses de la nación y con los intereses del pueblo, que son la misma cosa, nación y pueblo, pese a que algunos quieran diferenciarlo. No hay pueblo sin nación ni nación sin pueblo. Yo les pido que construyendo su propia historia, su propia identidad, también están construyendo la historia de todos nosotros. Nosotros no imitamos a nadie, porque en fin, cada uno es producto de la época y de la historia y del momento histórico en que le toca vivir. Y este momento histórico, de esta Argentina, impensable hace apenas 10 años; estamos solamente a una década del desastre más formidable del que se tenga memoria, y aquí está la Argentina de pie, con dignidad, con libertades, con libertades como nunca tuvo en su historia. (APLAUSOS). Me atrevo y desafío que me digan si hubo un momento de mayor densidad y profundidad democrática, donde cada uno pudo expresarse como quiso y cómo quiere respecto de todo que esta Argentina que estamos viviendo hoy. (APLAUSOS). Y esto nos tiene que llenar a todos de orgullo, pero también de una inmensa responsabilidad; la responsabilidad de profundizar a la organización popular, de abandonar vanidades y cuestiones dirigenciales que solo sirven para alejar a la gente de la política y creer que solamente esto es una feria de vanidades. Nuestro gran compromiso es a través del ejemplo diario y cotidiano, cualquiera sea el lugar que nos toque desempeñar; dar el ejemplo de humildad, de trabajo, de convicción para poder, entonces sí, seguir construyendo esta Argentina que tanto nos costó. Falta mucho, ¡claro que falta! Pero es, precisamente, con la certeza de poder construir lo que se ha construido, lo que nos debe animar para seguir el camino y no abandonarlo. El gran desafío es que el campo nacional y popular pueda institucionalizar; pero no, eso no se hace a través de una ley o de un decreto. La institucionalización de un modelo de país es cuando se hace carne en el conjunto de la sociedad porque visualiza que ese es el camino más acertado como país y como nación. Para eso hemos debido luchar contra una fuerte subordinación cultural impuesta históricamente por la historia falsificada desde 1810 a la fecha. Yo hace unos días, cuando inaugurábamos la Facultad de Ciencia Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires -la primera la inauguró Perón, la segunda la inauguramos nosotros-, yo hablaba y decía que muy pocos argentinos saben, por ejemplo, que la gratuidad de la universidad pública argentina fue instaurada por un decreto firmado por el general Perón. La universidad nacional pública es gratuita por un decreto del presidente Perón en su primera presidencia. Yo los desafío a que cuántos de nosotros mismos también sabíamos estas cosas. Por eso digo que es importante que el frente nacional, popular y democrático construya esta institucionalidad, que también es cultural, de saber contarle a los argentinos, pero fundamentalmente no contarle a partir de relatos de fantasía, sino a partir de que puedan ver, tocar y palpar cada uno de los logros que hemos tenido con nuestros jubilados, con nuestros pensionados, con nuestros trabajadores en las convenciones colectivas de trabajo, más de 1.800, luego de haber estado aplastadas durante décadas. Este es el gran desafío, porque lo otro, “la Argentina del no se puede”, la Argentina de la subordinación, la Argentina que le decía a él, cuando decía que iba a pagar la deuda pero no con el hambre de los argentinos, sino teniendo en cuenta también los intereses de la patria, que estaba loco; de él cuando decidió cortar el nudo gordiano que significaba la dependencia permanente con el Fondo Monetario Internacional y terminar con esa deuda y también lo criticaron. También, cuando en un hecho histórico en Mar del Plata, en el 2005, encabezó como presidente en la Cumbre de las Américas el rechazo a aquel nuevo estatuto del coloniaje. Eso lo hizo él. Ahora, mirado desde lejos, parece fácil, pero qué difícil, cuánto ataque injusto, cuánta crítica artera, cuánta pelea y discusión inútil, cuánto tiempo perdido. Otra de las cosas que les quiero pedir: no pierdan tiempo, no se enrosquen ni se dejen enroscar en discusiones bizantinas que no tienen nada que ver con lo que le importa a la gente y con lo que le importa a la sociedad. No cometan errores que sí hemos cometido nosotros cuando éramos jóvenes. Yo quiero para terminar, contarles algo tal vez familiar. El pasado 11 de marzo, hace un año, yo no estaba aquí, había ido a Chile a la asunción del nuevo gobierno y justo me pescó -¿se acuerdan?- una réplica del terremoto que había asolado a los hermanos chilenos. Yo decía “un año, otro terremoto”. He leído tantas tonterías en estos últimos días, lo único que faltaría es que dijeran que los 11 de marzo se provocan terremotos, porque qué pavadas que se escriben y que se dicen, ¡por Dios! Pero quiero contarles que cuando volví y nos encontramos al otro día, él me contó de aquel acto del 11 de marzo y me dijo que había sido un acto diferente, que ese día se habían comenzado a reconstruir vínculos, cercanías, proximidades. Después lo vivimos en el Bicentenario, ese 25 de Mayo memorable, donde todos los argentinos nos reencontramos con nuestra propia historia y nuestra propia identidad. Y creo que su último acto de servicio fue también ese 27 de octubre cuando descubrimos de repente cuántas cosas había hecho y qué poco lo habían reconocido. Perdónenme, pero tengo que decirlo, se me va a romper el corazón si no lo digo. No quiero ponerlos tristes, quiero que estén alegres y que lo recuerden como él fue, alegre, por sobre todas las cosas, siempre encontrándole el lado bueno y optimista, no le echaba la culpa a nadie, le metía para adelante. Desde que lo conocí, en los peores momentos que vivió la Argentina y que vivimos tal vez nosotros, en términos personales siempre fue así. Por eso, quiero recordarlo como yo sé que a él le gustaría: con alegría y con compromiso, con convicción y con decisión. Quiero, finalmente, agradecer a todos ustedes este homenaje que nos hacemos a nosotros mismos, también a él, a los argentinos; solidarizarme también, junto a todos ustedes, con esa desgracia inmensa, esa tragedia inmensa del pueblo del Japón, también queremos estar allí y lo vamos a hacer como estuvimos en Chile, porque los argentinos somos solidarios, nos importa lo que le pasa a los demás. Y quiero pedirles, para terminar, en nombre de él, que construyamos con amor, que el odio que algunos quisieron derramar sobre nosotros, respondamos con amor. No hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón; no hay mejores victorias que las de la buena onda, el optimismo y la fe en Dios. Esas son las cosas que valen, esas son las cosas que duran y perduran en la memoria de los pueblos. Por eso, en nombre de él y también de mis hijos, quiero decirles que muchas gracias por todas las muestras de cariño y de fe, que muchas gracias por lo de “fuerza Cristina”. Yo siento en cada palabra la fuerza de él y sé que él está definitivamente entre todos nosotros, ya nada ni nadie lo podrá borrar y eso es tal vez, lo que él en el fondo quería, que su nombre, en representación de miles y miles anónimos, que dieron su vida y que no pudieron ver esto, estén representados en él. Por eso nos acompañan las Madres, por eso nos acompañan las Abuelas, que no están con cualquiera, que no confían en cualquiera. A ustedes y a todos, desde el corazón, muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias. A seguir trabajando por Argentina, a seguir trabajando por el pueblo, por la Nación, por la patria, siempre por la patria. Gracias, Argentina. |
martes, 22 de febrero de 2011
Sin moraleja

Añado un escrito a mi blog poco frecuntado pero querido, un escrito que ya tenía unos meses en mi computadora y que en esta noche de insomnio publico.
Los que alguna vez leyeron La Ilíada o vieron la película Troya recordarán la escena que pretendo traer a nuestra memoria. Aquiles acaba de asesinar al honorable Héctor, amarra sus pies a un carro tirado por un caballo y arrastra el cadáver sobre la tierra con el fin de que no reciba una digna sepultura. En medio de la noche, se hace presente en la tienda de Aquiles el padre de Héctor, Príamo, para reclamarle el cuerpo de su hijo. Aquiles reconoce la valentía del anciano padre pero se niega a entregarle el cadáver puesto que él también es su enemigo y cree que Héctor no es merecedor de una digna sepultura al haber asesinado a Patroclo, su amante. Es entonces cuando el padre de Héctor enuncia una frase memorable “Hasta los enemigos merecen respeto”. Aquiles duda un momento y finalmente, le permite llevarse el cuerpo para que reciba los honores correspondientes, pero le anuncia que a la mañana del día siguiente él volverá a ser su enemigo. Príamo comienza a retirarse de la tienda y antes de salir le agradece el gesto a Aquiles y le dice: Hoy mismo sigues siendo mi enemigo.
Pensé mucho en esta escena durante los días que siguieron al fallecimiento de Néstor Kirchner, porque noté el odio visceral en algunos comentarios que parecieran pisotear todo respeto por el dolor ajeno. Seres de piedra, inconmovibles, despiadados. Nadie pidió un lamento, una lágrima hipócrita, ni un aplauso forzado, pero sí se reclama respeto hasta por el enemigo, un acto de humanidad, un silencio. No agreguemos el odio irracional a una manifestación del amor, y si hubo quienes no pudieron compartir ese dolor al no identificarse con las medidas de su gobierno o por lo que sea, si hubo quienes creen que fue una muerte más y nada más, es tan válido como el pesar que muchos otros sentimos, pero por favor, hagan a un lado el odio pestilente y corran hacia el costado la bronca por no haber disfrutado de todos estos años de esperanza.
La literatura no tiene porqué dejar una moraleja, ya lo sabemos, pero sería interesante descubrir en el arte un rasgo de humanidad.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El día que se fue

¿Y vos cómo te enteraste? Me levanté tranquilo, me hice el mate, era un día de censo… dice el Barba. A partir de ese momento cada uno de nosotros fue contando al resto cómo se había enterado de la triste noticia. No podía creerlo, pasaba de un canal a otro con la esperanza de que no fuera cierto. Todos hacemos silencio… uno de esos silencios extraños, llenos de incredulidad.
¿Te acordás cuando me dijiste bienvenida a la plaza, compañera? La Flaca recuerda el día en que comenzó a quererlo.
Mirábamos la televisión en triste ceremonia. Escuchábamos a políticos y artistas hablar sobre Él y otra vez el nudo en la garganta, el grito ahogado, la lágrima que asoma.
Aparece De la Sota en la pantalla. ¡No! ¡Con pelo! Ahora vamos a escuchar a cada uno dar bandera, dice Leo con esa furia que despierta tanta hipocresía, tanta falta de respeto hacia el dolor ajeno, tanta palabra impune. Llega otro silencio…hondo… largo… y de repente irrumpe la voz de la Flaca, estalla de bronca con un por qué no se mueren esos hijos de re mil puta! No se mueren porque no tienen corazón, pienso, pero no lo digo, lo pienso una y otra vez. No tienen corazón…
A mí me encantó esa escena cuando asume y se tira encima de la gente. Tenía esas pendejadas… Eso Perón no lo haría, dijo no sé bien quien y reímos recordando algunas anécdotas. La cocina se transformó en una sala íntima de despedida agradecida, con comentarios dignos de un amigo que se va y resucita en la memoria de quienes lo quisieron con pequeños recuerdos. Nadie dice nada. Leo arregla en mate cabeceando, repitiéndose por qué una y otra vez hacia adentro.
¡Mira! Dice el Barba, sigue vivo Fidel, Maradona, Balestrini, Mike Jagger!!!!! ¿Por qué se tiene que morir él? ¡Qué injusto! Aparece Serrat en la tele y el Barba sigue eufórico, éste también estuvo tocando el arpa y mirá! A los cuatro nos invade la terrible sensación de ver a todos mejor de lo que estaban, más joviales, más vitales, y nace en las entrañas un resentimiento hacia aquellos que pudieron zafar de las garras de la muerte como si el único que mereciera seguir viviendo fuera él. Y sí, así lo vivimos; una muerte inmerecida.
Nace la pregunta ¿Evo no habló?
Aparece Pepe Mujica en la televisión y el Barba salta de su asiento indignado. Éste al final era un pelotudo, pero como tiene esas frases campechanas a la gente le gusta. Pepe se acerca a Ella y le dice cómo se nos escapa la vida y todos renovamos la certeza de que es un pelotudo. Leo comienza a recitar los lugares comunes de un velatorio, del polvo venimos y al polvo vamos, no somos nada. Nos reímos y de repente vuelve el mazazo en la cabeza, el golpe mortal, el látigo sobre la carne expuesta. Sé murió, se murió…
Hablamos del mate caliente y de la censista que no viene. En cuanto llegue iremos a la Plaza en acto de presencia. Habla Correa.
Suena el timbre. ¡El censista! No, es Chechu que viene de censar. Leo preparó unas tostadas con dulce y siguió la ronda del mate caliente. Chechu también contó cómo se enteró de la noticia y se sumó al duelo; somos cinco, pero imagino muchos otros lamentándose ante la fría pantalla.
Se anuncia que el hombre de gorro violeta ofrecerá una misa en la Catedral, en ese lugar donde San Martín no pudo descansar en paz. ¿Quién va a ir? Pregunta la Flaca. Nadie, responde el Barba con seguridad. Seguro que después Trompeta publica “No fue nadie a la misa de ….” No quiero nombrarlo, todavía no puedo.
Otro momento de silencio; respiraciones profundas.
El Barba recuerda la pregunta de uno de sus díscolos ¿Mañana hay clase, profe? Se muerde el labio inferior sin entender que al díscolo le importa un carajo.
La flaca anuncia que Internet está colapsado.
Che, ¿Evo no habló?
Comí un pedacito de torta de coco y dulce de leche y una señora me bajó una taza de café con leche y tres galletitas, dice Chechu. Cuenta que le fue bárbaro en el censo.
Se murió en su mejor momento, las encuestas le daban arriba, nosotros quedamos consternados pero él se fue en lo mejor dice el Barba en un intento por abrazar un consuelo aunque más no sea por un instante. ¡Claro! Asiente Chechu con un optimismo que conmueve.
Silencio…
Leo sorprende con un ¿quieren un pedazo de palta? Nadie acepta. Yo ni recuerdo qué sabor tiene eso, ni me importa. Me quedo pensando en la palta para descansar mi mente, mi corazón, mi corazón que sí late.
Anuncia el zócalo: SEGUIRÉ LUCHANDO POR TODOS. Decretan tres días de duelo.
La censista no viene. ¡Qué pesadilla! dice la Flaca furiosa y anuncia un ultimatum, si 19:15 hs. no aparece nos vamos. Todos asentimos. En cuanto venga salimos para la Plaza.
Habla Perez Esquivel.
¡No se muere Bussi y se muere Él! ¡Qué injusto! La verdad es que la vida es injusta.
Leo habla por teléfono mientras nosotros hacemos silencio. Camina en la terraza mirando el cielo, mirando sus plantas y dice seguro ya esta Scioli diciendo ahora me toca a mí.
Silencio…Es como si te derribaran un castillo de arena y ahora te dicen que hay que volver a empezar. ¡Qué destino tan caprichoso! Días después nos enteraríamos que justamente era esa la palabra que Ella musitaba acariciando el cajón: caprichoso, caprichoso…
Anuncian que Chávez llegará a nuestro país a las 19:30 hs. Prepará todo, cuando llega el censista rajamos.
Vuelve la sensación de desamparo, de extraña orfandad.
Chechu pregunta quién va a hablar en la Plaza. Y nadie, quien va a hablar dice Leo. Se murió, no lo vamos a escuchar más. Nos mira fijo a los ojos como intentando aniquilar la última esperanza de que todo sea un mal sueño. Habla Micheti y hace aflorar los peores demonios que nos habitan. ¡Andate a bailar con la silla de ruedas! dice el Barba.
El canal Encuentro presenta un resumen de su vida y lo vemos joven, con anteojos de marco grueso, el pelo largo. ¡Era feo el hijo de puta! pensamos todos, pero nadie lo dice porque lo queríamos así, imperfecto, narigón, tuerto, impresentable delante de Ella, la elegancia flamante del protocolo.
La censista no viene, nos preparamos para salir. Leo agarra unas margaritas preciosas y todos escribimos nuestros nombres en una tarjetita que contiene un poema de Martí.
Se me hace un nudo en la garganta, me resisto a creer que le llevamos flores a Él. Bajamos y vemos a la censista que viene acompañada por otro inepto como ella. Y mientras Leo mueve su mano para que la luz de la casa vecina se prenda automáticamente e ilumine la bendita planilla que tiene que llenar, comienzo a impacientarme, a caminar en círculos en la vereda porque ya quiero esta allí, pisando la Plaza para agradecer una vez en mi vida, porque de repente caí en la cuenta de que es la primera vez que no voy a putear, voy a dar gracias.
Terminaron las preguntas de los censistas.
Dos cuadras, tomamos el subte y nos mezclamos en un dolor colectivo, en una misma sensación de impotencia, de desgarro. Caminamos lento buscando un lugar para las margaritas, para sus margaritas y las colgamos al lado de otras tantas flores de colores.
Después, cada uno volvió a su casa con la angustia aún a flor de piel, a una casa que parecía más grande y vacía, musitando su nombre como una plegaria en tierna oración de despedida.
jueves, 28 de octubre de 2010
Laten los nuestros

Hoy se me murió la esperanza. Nací en 1974, al borde de la etapa histórica más
desgarradora de nuestra Argentina. Crecí entre los consejos de mi mamá: "no te
metás" y las puteadas de mi papá: "son todos unos chorros hijos de puta". La política no servía para nada, era una bola amorfa de corrupción y egoísmos encontrados.
Sin embargo, un 2003, casi sin darme cuenta, comencé a creer que la política
era un instrumento maravilloso para transformar el mundo. Comencé a escuchar
ideas y discursos que tenían que ver con mis sueños de un país más justo; pero
no eran sólo palabras, los hechos me fueron devolviendo la fe perdida en las
instituciones; por primera vez en mi vida voté a un partido que triunfó, que
tomó la bandera de la igualdad de oportunidades y de los derechos humanos y
comenzó a avanzar decidido hacia la construcción de algo diferente.
Gente de pueblo hablándole al pueblo, y ahí estaba yo, mezclada con los
cabecitas negras del conurbano, sintiéndome peronista por primera vez.
Desde el 2003 a la fecha, he vivido más cerca del corazón de mi país y pude ver las
caras de los que se indignaban con un gobierno nacional y popular que puso su
mirada en el barro. Entonces me convencí, supe que estaba del lado de los
buenos, del lado de los trabajadores, del lado de los que menos tienen y más
sueñan.
Néstor me regaló la inmensa alegría de sentirme parte de un discurso político,
de identificarme con sus medidas de gobierno y de saltar al compás de un corazón que hoy dejó de latir. ¡Laten los nuestros Néstor! ¡Laten los nuestros!
sábado, 17 de julio de 2010
Yo opino
Aquellos que impregnan sus discursos con la palabra democracia, deberían saber que una verdadera democracia debe atender los derechos de todos y sobre todos los de las minorías: enfermos mentales, pobres, discapacitados, presos y también homosexuales. ¿Sería una democracia genuina si sólo contemplara los derechos de las mayorías?
jueves, 4 de marzo de 2010
El "sentido común"
Estuve en San Pedro, una hermosa ciudad en la provincia de Buenos Aires que conocí cuando era una niña y viajaba en tren hasta alli con mis abuelos quienes me mostraban a ambos lados de las vías los campos frutales que fueron, históricamente, el sostén económico del pueblo: duraznos y naranjos.
Los años han pasado, mis abuelos ya no están y a veces, cuando ingreso por la ruta que conduce a la ciudad, noto la ausencia de aquellos árboles frutales que salpicaban de color el paisaje rural; todo es ahora un gran mar verde, la soja se ha chupado todo hasta la banquina y aquellos pueblos que vivían de la siembra, cosecha y transporte de frutos quedaron convertidos en pueblos fantasma con inmensos campos de pocos dueños. Hoy, el sostén económico de la ciudad es el turismo con el imponente hotel Hahward Jhonson a la cabeza que es simbólicamente la desnaturalización de aquello que singularizaba al lugar. Lo paradógico, es que ideológicamente los sampedrinos apoyaron al sector agropecuario en el conflicto de la resolución 125 y muchos de ellos aún lo siguen haciendo sin poder vislumbrar que defienden la mano que les arrebató aquellos árboles frutales y con ellos la fuente de trabajo de muchos hogares.
Es sabido ya que los medios de comunicación son costructores de opinión y que ésta queda íntimamente unida al "sentido común"; aún asi, es difícil aceptar que las personas defiendan ideas que se oponen con la realidad inmediata que viven diariamente.
Marzo me puso nuevamente delante de los medios y volví a escuchar a aquellos que desean imperiosamente que al país le vaya mal sólo para decir "yo te lo dije". Encuentran el punto negro en el mural blanco, roban la esperanza y la posibilidad de proyectar sueños a futuro con sus ideas derrotistas, se esfuerzan por hacernos sentir desamparados, hablan de muertes, robos, déficit y caos, como si nada bueno hubiera significado en nuestro país la recuperación de las AFJP y de Aerolíneas, las miles de jubilaciones a personas que por diversas circunstancias no habían realizado aportes, la recuperación de la industria nacional, el aumento POR LEY dos veces al año de las jubilaciones, las asignaciones al campo cietífico, la política de derechos humanos, etc. En el marco de la mayor crisis mundial, no se ha recurrido al bolsillo del pueblo para pagar la deuda asumida, se va a pagar con la reservas que el Estado pudo acumular administrando adecuadamente los ingresos. Los docentes hemos recibido un aumento de nuestro sueldo básico y se ha dispuesto una asignación universal por hijo que no resuelve el problema de la pobreza pero sacará de la indigencia a muchas personas. ¿Por qué no apoyar a un gobierno que fomenta la idea de que el Estado somos todos? Lo público es de todos, no, es de nadie. Yo y sé que muchos otros, pasamos por un filtro lo que dicen los medios de comunicación quedándonos con aquellas palabras que construyen una idea despojada del odio viceral que en estos tiempos pareciera devorarle el corazón a más de uno. Más allá de las ideologías partidarias, hay un sentido común construido mediáticamente del que vale la pena sospechar.
sábado, 3 de octubre de 2009
La Iglesia y tres empanadas
¿Quiere decir esto que sólo se debe hablar de la pobreza desde las villas miserias? No, de ninguna manera. Quiere decir que la iglesia (y dejo a Dios de lado) nos ha enseñado a rezar por los pobres para que Dios los ayude, y es así como miles de fieles se acercan a comulgar los domingos y le piden al Santísimo que ayude al mendigo que duerme en la puerta de la iglesia. Luego salen, y pasan a su lado indiferentes, pero con la consciencia tranquila porque Dios seguro que lo ayudará.
martes, 30 de junio de 2009
Un día no feliz

El 28 nos juntamos en la casa de un amigo para ver la gan final por TV y entre mates y comentarios filosos hacia los medios de comunicación, comenzamos a transitar las horas con la esperanza de que una vez más la gente eligiera la mano extendida de un gobierno que intentó hacer lo que prometió a pesar de las consecuencias. Pero al oscurecerse el día supimos que no, que no seguirían sosteniendo esa mano que los ayudó a salir del pozo porque ya estaban fuera de él, elegirían la mano que nuevamente los hundirá hasta el fondo.
Siempre tuve una mirada desesperanzada de la política pero debo confesar que el año 2003, encontré por primera vez en mi vida un discurso con el cual me identificaba, un discurso en el que aparecía por primera vez la palabra latinoamérica, integración, distribución, industria, justicia. Y claro fue que no eran sólo palabras: las relaciones con nuestos países hermanos atraviesa unos de sus mejores momentos, se pudo jubilar a más de 2.000.000 de personas que nunca habían aportado en su vida, se llevaron adelante los juicios contra los grandes genocidas de nuestra historia, se abrieron la escuelas industriales y se alienta la industria nacional, sin embargo, cuando se intentó distribuir un poquito de la riqueza de unos pocos, medio país ofendido salió indignado a la calle de que el gobierno les metiera la mano en el bolsillo y peleó por los intereses de quienes jamás, jamás en la historia apoyaron a nadie, ni una marcha docente, ni gremial, ni un carajo... No obstante, los medio pelo agarraron su cacerola y siguiendo el pedido de los medios de comunicación gritaron: somos el campo, haciendo de esa frase una causa nacional. Viéndolo a distancia, creo que ese es el momento en el que el pueblo fue nuevamente embaucado y creyendo hacer uso de su libertad, eligió lo que los medios leseñalaron con el dedo y hoy repite las mismas palabras que escucha en la TV para defender su postura y no dejar que se asome en ellos la culpa de nunca haber defendido la causa de alguien que tuviera menos que ellos, no, la media defiende los intereses de los que más tienen y reza por los más pobres para que Dios los ayude.
¿Cómo puede ganar en Mendoza o en cualquier lado un tipo que se anota en un equipo y luego, no sólo entrena con el equipo contrario, sino que en plena cancha patea para su propio arco? Los medios lo compararon con San Martín y la gente piensa en los grandes huevos que tuvo.
Todavía me duele el alma, me llora la esperanza por dentro.
Soy de la clase media, de esa pqueña porción que resiste a masificarse en esa pasta tibia que se mueve con el viento a su antojo.
lunes, 8 de junio de 2009
La bronca de estos días

La hipocrecía es aquella miseria que revela que es imposible sostener con los actos lo que se prumulga a cuatro voces. Detesto la insensibilidad de tantas personas refugiadas en sus casas mirando el mundo a traves de la televisión, formulando juicios sobre quiénes son los buenos y quiénes son los malos, rezándole a Jesús cada mañana o cada noche por los pobres, para que haya más seguridad, sumándose a los que defienden las "soluciones fáciles" bajando la edad de imputabilidad o exiginendo la pena de muerte, diciendo qué es lo esperable de una persona por su forma aspecto o por el lugar donde vive.
El punto es, que más allá de la ideología política de cada ser humano, hay, en estos reclamos, un olvido, una absoluta anulación del otro, un deseo del que el "otro" desaparezca, que no estropee nuestras vidas ordenadas con sus reclamos, que no nos haga perder el presentismo con sus piquetes, que no se multipliquen ¡por favor!. Vale aclarar (porque a veces creo que muchos no lo saben) que este "otro" está en una situación mucho peor que aquella que viven quienes los desprecian. Nadie elige agarrar un arma, ni salir a robar, ni drogarse, como nosotros podemos elegir practicar patín o fútbool o ir al gimnasio. La pobreza es un mundo sin opción, un mundo donde todo es exhibido para otros, un mundo donde se les teme por el simple hecho de ser pobres. Quién de nosotros no destilaría furia si el mundo nos arrinconara, si nos sacaran el trabajo, si fuéramos tildados de delincuentes por vivir en una villa miseria, si escucharamos llorar de hambre a nuestros hijos, ocho, nueve hijos, acaso es lo único que puedan tener realmente... aunque se mueran.
Escucho diariamente comentarios de este tipo, y me sube un dolor por todo el cuerpo y se instala en mi garganta y quisiera gritarles: manga de hipócritas!!!!! Les indigna que un pobre diablo tenga direct tv en medio de la villa o use zapatillas Nike originales, pero se ríen con Menem en el programa de Tinelli o les resulta indiferente que todos paguemos lo mismo de iva, el de Villa Soldati y el de Puerto Madero. A nadie parece importarle que hay quienes ganan 25 veces más que el otro. ¡Eso es indignante! No lo comprendo... acaso sea el temor a la pobreza y por eso el terrible acercamiento hacia la clase alta, otro mundo que la media no conoce pero a la que aspira orgullosa.
Hace unos días, iba caminando hacia la escuela y pasé junto a grupo de obreros que estaban sentados en círculo. Pensé que almorzaban, sin embargo, cuando pasé junto a ellos, escuché que alguien musitaba una oración que decía: Ayudános Señor, por favor te lo pedimos, te necesitamos. Somos muchos los pobres...
Me sentí muy conmovida al escucharlos y lo primero que pensé fue que ellos estaban mucho más cerca de Dios. Jesús era pobre, fue condenado a la pena de muerte no sólo por los romanos, el pueblo gritaba crucificción. No puedo entenderlo... Son hipócritas, egoístas, desconsiderados, y sobre todo, precen tener un parche en el ojo que les prohibe ver el otro país, aquel que de antemano está condenado con la indiferencia de muchos por andar descalzo.
jueves, 2 de abril de 2009
Nuestros jóvenes

Después de haber estudiado literatura durante cuatro años y de haber analizado rigurosamente la figura del héroe en obras universales, ayer, por primera vez en mi vida, conocí a uno de carne y hueso. Cuatro hombres que estuvieron en la guerra de Malvinas se acercaron a la escuela para contarnos cómo fueron esos días en aquella tierra lejana al sur de nuestro país.
Al comienzo, nadie se animaba a realizar la primer pregunta, pero luego fuimos creando un espacio íntimo que nos trasladó en el tiempo al año 1982.
Cuando finalizó la charla, supe que por más que les contara a mis alumnos durante toda mi vida qué sucedió en las islas, jamás podría enseñarles lo que esa tarde habían aprendido.
Nos contaron que no es un orgullo participar en una guerra, que las personas no se convierten en patriotas por tener un arma en las manos, que en una guerra nunca nadie gana, siempre todos pierden; que lo único que les salva la vida es contar a los demás lo que allí vivieron; nos dijeron que hay tres clases de combatientes: los que murieron en Malvinas, los que volvieron pero no pudieron seguir con sus vidas y se suicidaron y los que armaron con pequeños pedazos una nueva historia; nos contaron que los actos más heroicos son desconocidos por la mayoría, nos recordaron que una Plaza de Mayo entera aplaudió la decisión de Galtieri y que Alfonsín "desmalvinizó" lo sucedido. Nos dijeron que las guerras cuando se "pierden" no tienen padre, que esperaban ser recibidos como los jugadores de fútbol cuando regresan del mundial, que regresaron a las tres de la madrugada en la oscuridad de la noche, que los mantuvieron "escondidos" durante tres días para que comieran y se higienizaran, que cuando les aconsejaron no hablar de lo sucedido nadie tenía pensado nombrar nunca más las Malvinas. Nos contaron que muchos regresaron a las islas, que las guerras destruyen las vidas de las personas para siempre, que sienten rencor hacia muchos de sus superiores y que un ejército es necesario en un país para cuestiones civiles y no sólo militares.
Al finalizar el acto, todos nos pudimos de pie y aplaudimos no sólo a los hombres de cincuenta años, sino a los todos aquellos chicos de dieciocho que perdieron sus vidas en las Islas Malvinas. En nombre de ellos, recordemos lo sucedido, tengamos memoria, porque las peores tragedias de nuestro país fueron abaladas por plazas colmadas de personas que en nombre de la Patria derramaron la sangre más inocente de todo un pueblo, sus jóvenes y sus sueños.
martes, 31 de marzo de 2009
Las lágrimas de mamá

Cuando escuché la noticia llamé a mi mamá para compartir el pesar de la muerte del único hombre que impulsó a mi familia, por primera y única vez, a la Plaza de Mayo para festejar la llegada de la Democracia. Yo era una niña entonces y no entendía mucho de lo que sucedía, sin embargo recuerdo que nos subimos al auto de papá los cinco (porque en ese tiempo vivíamos todos juntos), con mis hermnas agarramos las ollas y los toc toc de la escuela y partimos con una inmensa alegría hacia el lugar que nos convocaba. Ese día fue una fiesta; las calles estaban colmadas de gente que compartía un sentimiento único de esperanza. Mamá me dijo que fue la única vez en su vida que votó convencida, que el triunfo de Alfonsín fue más que un triunfo político porque ese día nacía nuevamente la posibilidad de pensar un país para todos, significaba que las voces regresaban libres a las calles después de tantos años de silencio.
Hoy, cuando mi mamá lloraba del otro lado del teléfono, recordé a mi abuelo y su foto con Alfonsín colgada en el comedor de casa, recordé que fuimos felices esa noche y que mi mamá también soñó con un país más justo de la mano del hombre que hoy entristece los hogares con su partida.
En estos tiempos en los que reaparecen los reclamos de "mano dura" y pena de muerte, creo que el mejor homenaje que podemos brindarle todos aquellos que valoramos su persona, es seguir defendiendo la democracia desde el lugar que ocupemos, que las voces sean libres y se multipliquen por siempre.
domingo, 4 de enero de 2009
Cuba, la isla perdida

Cuba es esa isla tropical más extraña que aquella que habitan los personajes de LOST, una isla que reúne la música y el grito, la magia y el terror. Es alabada por algunos y cuestionada duramente por otros. Aquí es donde aparecen los personajes de la serie: están los que creen que esa isla se diferencia de todo lo conocido al poseer características únicas y nunca vistas en la historia de la humanidad y que vale la pena vivir en esa extrañeza, y aquellos otros que precisamente quieren huir de su singularidad porque los aterra no ser (o tener) lo mismo que los demás.
Aunque se desconozcan muchos de los datos históricos que forjaron la revolución cubana, a simple vista puede verse que es mucho más sencillo criticar a Cuba con sólo imaginar cómo sería la vida en una isla ubicada al borde de Estados Unidos, la nación más poderosa del capitalismo voraz, una nación "democrática" que le impuso un bloqueo implacable. Es más sencillo pensar el horror que el honor... y más cómodo, claro.
Los medios de comunicación hacían sus evaluaciones sobre los aspectos positivos y negativos que había engendrado la revolución cubana, y he aquí el comentario emitido: el periodista (canal 13) destacaba como aspectos positivos el hecho de que en Cuba la mortalidad infantil fuera tan menor como la de las naciones del centro europeo. También destacaba que el sistema de enseñanza superaba en todas sus cifras a los estados latinoamericanos como la Argentina, Brasil y Chile, y lo mismo vale para el nivel de la asistencia médica. Y es alli donde aparece el tan renombrado PERO. Y dijo: pero, vaya paradoja, nadie puede acceder a un celular libremente, ni tener más de dos propiedades si lo desea.
He aquí el problema; acaso es lo mismo, acaso se puede comparar la muerte de un niño con el acceso a un celular? Y aunque quizas nos sorprendamos al saber ésto, lo cierto es que la mayoría de las personas, en su interior domesticado por el vil capitalismo, si están seguros que nadie va a entererse, eligirían el celular. Las muerteS anónimas no existen, o por lo menos, no parecieran conmover a nadie.
Osvaldo Bayer en su nota sobre la Revolución Cubana en la Revista 23, llama a la reflexión diciendo: Recordemos cuando ese gobierno revolucionario fue capaz de hacer la reforma agraria estatizando el increíble feudo de la United Fruit. Podemos criticar a Cuba los argentinos que no fuimos capaces de hacer nunca una reforma agraria que propusiera compartir esa tierra repartida por Roca y Avellaneda entre los grandes terratenientes, después del genocidio cometido contra los pueblos originarios?
¿No les trae recuerdos vividos en nuestro país hace apenas algunos meses? Si hay algo que se descubre al informarse, es que aquello que decía Rosseauu en su libro Origen de la desigualdad entre los hombres, es que tenía razón; la propiedad, sólo su idea, es la causa primera de nuestras miserias.
Quería ser como Jack, quería creer que el hombre era naturalmente bueno... ¿Por qué no nos dejan?